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Rocambole

Rocambole es Ricardo Cohen: el artista que desde 1978 hizo todas las portadas, los afiches, las escenografías, los videos y la identidad visual entera de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Nació en 1943 en Parque Patricios y vivió casi toda su vida en La Plata; le dicen «el cuarto redondo» o «el sexto sabio», y su obra circula desde hace décadas en remeras, banderas, paredes y tatuajes, masivamente y sin control de su parte. Está vivo, tiene 83 años, y en 2026 tuvo documental y libro propios.

Rocambole se llama Ricardo Cohen. Nació el 12 de mayo de 1943 en Parque Patricios y vivió casi toda su vida en La Plata. El seudónimo no salió del ambiente ricotero: viene de «Las hazañas de Rocambole», un folletín francés del siglo XIX que coleccionaba su padre, y ya lo usaba antes de cruzarse con la banda. Su formación es de manual: serigrafía entre 1961 y 1963, ingreso a la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata en 1964, egreso de la Facultad de Bellas Artes entre 1973 y 1975, y docencia en Dibujo desde 1984. Está vivo: tiene 83 años. — hecho · RES-06

Con Skay Beilinson se conocen desde antes de los Redondos: a fines de los sesenta fundaron juntos La Cofradía de la Flor Solar. Desde 1978 hizo todas las portadas, los afiches, las escenografías, los videos y la identidad visual entera de la banda — por eso le dicen «el cuarto redondo» o «el sexto sabio». Su técnica es artesanal: rodillo y serigrafía, aerografía, grabado, collage e ilustración, con arte digital y animación sumados desde 1996. Por la tapa de Luzbelito ganó el premio ACE al mejor diseño de portada. En 2026 el mundo le devolvió la atención: en abril se estrenó el documental «Rocambole en el camino» y salió el libro «Rocambole: Arte, Diseño y Contracultura», con aportes de Skay. Ese mismo año le tocó también la despedida más difícil: el 5 de junio de 2026, cuando murió el Indio, lo despidió públicamente: «Adiós, amigo, tu luz seguirá iluminándonos». — hecho · RES-06

Su idea del trabajo nunca fue decorar discos: declaró que no ilustraba la poesía ni la música, sino que era una parte integrante del mensaje — la integración tenía que ser tal que sacar una pieza dejara el mensaje incompleto. Su lenguaje mezcla anarquismo, iconografía revolucionaria y raíz popular, y concibe cada tapa como tres cosas a la vez: objeto artístico, declaración política y pieza pensada para reproducirse en masa. Lo de la masa no es teoría: declaró que siempre le encantó la reproductibilidad del arte, que todos pudieran acceder a su obra, y cuando empezó a ver sus diseños tatuados en la piel de los fans, adoptó esa circulación como parte del asunto. Hoy su obra vive en remeras, banderas, paredes, gorros y tatuajes, masivamente y sin control de su parte — una circulación de mano en mano, hermana de la difusión sin televisión que hizo enorme a la banda. Si alguna vez viste una de esas imágenes en una pared de tu barrio, ya conocés su museo. — hecho · RES-06

Leyenda Sobre la propiedad intelectual circula una versión muy citada: que no cree en ella para las cosas artísticas, que jamás cobró por la reproducción de su obra, y que le incomoda verla usada por grupos políticos que no comparte, aunque entiende que no puede impedirlo. Va acá con una aclaración honesta: la ficha lo trae como reportado, sin cita textual verificada en fuente primaria — así que hasta que aparezca esa cita, se rotula como leyenda, no como hecho. Encaja perfecto con todo lo demás; justamente por eso conviene desconfiar de lo que encaja perfecto. — RES-06

Lo contó Rocambole Rocambole contó también su versión de la relación con la prensa: una sola vez, dice, Clarín publicó una crítica netamente musical sobre Los Redondos; el resto del tiempo los diarios los analizaron como fenómeno de violencia antes que como fenómeno musical. Es su testimonio, no una estadística — pero viniendo del que dibujó la cara pública de la banda durante décadas, pinta el clima de época mejor que cualquier recorte. — RES-07

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